Rancio


Rancio creció en Ibagué (Colombia). Una ciudad abandonada a su suerte; sucia, gris y decadente que produce asco y odio por igual. Este moridero sólo ofrece dos opciones: formar parte de la delincuencia común o hacerse punk. Rancio optó por la segunda.

Cumplida la mayoría de edad, Rancio decide cruzar el charco rumbo al País Vasco, cuna de un gran movimiento punk en la década de los 80. Al llegar a Bilbo, en el 2001, se da cuenta de que aquella escena musical brillaba por su ausencia. Tan sólo quedaban vestigios de su pasado contestatario y algún que otro yonki con cresta. Esto le causó una gran depresión, así que decidió recluirse en una habitación de un hotel de mala muerte durante varios años, hasta ahora.

Después de todo ese tiempo, viviendo entre multitud de libros y música, nuestra amigo Rancio tiene muchas cosas para decir, y no va a parar hasta desahogarse por completo.

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