viernes, 27 de julio de 2018

Sobre mi experiencia en el Madcool, el desplante de Massive Attack y la magnificiencia de Nine Inch Nails


¡Colas interminables! ¡Horas de espera bajo un sol criminal! ¡Datáfonos inservibles! ¡Pocos e inexpertos camareros! ¡La policía no da abasto! ¡Posturetas al borde de un ataque de nervios porque la red iba lenta y no podían subir fotos a Instagram! ¡Pijas que se creían en el Coachella pero no, estaban sudando la gota gorda en Madrid! ¡ERA EL FIN! ¡ERA EL CAOS TOTAL!

Con esas premisas poco favorables daba un poco de canguelo asomarse por el Madcool, festival que tuvo lugar en las instalaciones Ifema, al noreste de la capital española. Al parecer, la organización brilló por su ausencia durante el día inaugural. El mapa que sirvió de guía para moverse dentro del recinto ya anticipaba que el terreno no era lo suficientemente grande (pequeño tampoco era) para un evento de este tipo, o por lo menos para lo que se pretendía. Hay que tener muy claro lo que conlleva organizar y controlar a ochenta mil personas dentro de un mismo lugar, y en ese sentido los organizadores me parecieron bastante pretenciosos. ¿Porqué no aspirar a tener menos público, prescindir de uno o dos escenarios, y dejar más espacio para que los asistentes estén más cómodos? Ay, dinero, vil metal...

Pero oigan, que no todo fue tan malo como parece, y aquí es donde romperé una lanza en favor del Madcool: