viernes, 25 de mayo de 2018

Tangerine, una oda al realismo sucio y al "do it yourself"


Dos chicas negras, transgénero y prostitutas (¡todo el pack!) hablan dentro de una cafetería. Una de ellas, Sin-Dee, acaba de salir de la cárcel donde estuvo recluida 28 días. Mientras la charla fluye, Sin-Dee se entera de que su novio le ha sido infiel durante su estadía en prisión. Esto la llena de motivos y casi sin pensarlo se lanza a la búsqueda de su pareja de manera descontrolada. De esta manera nos introducimos en Tangerine, una película callejera, independiente, con varias dosis de comedia dentro de un marco decadente.

Durante el largometraje irán apareciendo personajes que representan una realidad poco visible dentro del glamour hollywoodiense (la historia transcurre en Los Angeles), pero que claramente están ahí: inmigrantes, yonkis, dealers, prostitutas y los clientes de éstas, cada uno con sus "particularidades". Realismo sucio en puro estado. Con este trasfondo, a Sean Baker (guionista, director y editor de la película) sólo le quedaba aportar una buena dirección, una buena fotografía, una buena selección de canciones para la banda sonora y lograr que sus personajes resultaran convincentes. Todo lo planteado se consiguió. Kitana Kiki Rodriguez y Mya Taylor que, al igual que las protagonistas, son transgénero, realizaron unas excelentes actuaciones. La narración es fluida y con correctos cambios de ritmo. Cine independiente de calidad.

Me gustaría resaltar la forma en la que fue grabada la película: tan sólo tres teléfonos iPhone 5s se usaron para capturar las escenas. Al parecer, optaron por esta opción por el bajo presupuesto con el que contaban para la producción. Aquí tenéis algunas imágenes del rodaje: