jueves, 22 de octubre de 2015

Edimburgo


Mi viaje a la capital escocesa ha sido una de las experiencias más extrañas de mi vida, tanto para lo bueno como para lo malo. Desde que salí de Bilbao hasta que llegué a Edimburgo todo fue muy confuso. Por suerte, mi inagotable deseo de aventuras logró mantenerme en pie y con la vista al frente. El mantra que llevo tatuado en mi brazo derecho (nothing can stop me now) también ayudó.

Y casi sin darme cuenta, y de manera automática, me planté en Princes Street. Desde ahí se puede observar el Castillo de Edimburgo fácilmente. Era real. Estaba en Escocia cumpliendo uno de mis sueños, pero yo seguía en un estado onírico, intentado asimilar multitud de cosas. En mi mente se libraba una batalla entre mis varios yoes. Hasta que el instinto de supervivencia salió a flote y me arrastró casi cinco kilómetros hacia el norte, dirección y distancia que tuve que recorrer hasta llegar al maldito hostel (dormir allí fue una mala experiencia). No quería usar el transporte todavía. Procuro caminar lo máximo posible..

Liberado de mochilas, empecé a impregnarme de la ciudad. Durante toda la semana que estuve allí pocos fueron los rincones que me faltaron por recorrer. Hice una media de diez kilómetros diarios perdiéndome entre barrios, callejones, parques, montañas, canales y vecindarios. Tuve la suerte de presenciar los últimos días del Festival de Edimburgo, y del Fringe. El ambiente era increíble. Se respiraba cultura por todos los costados. Aunque hacía viento, mucho viento, tanto que cortaba con el frío que traía.

En una semana di varios paseos por Leith, el barrio donde transcurre Trainspotting (el libro, porque la mayoría de la película se grabó en Glasgow) y de donde es oriundo su autor, Irvine Welsh. También compré una copia original de la obra a tan sólo tres libras. Visité Mary King's Close, parte de la ciudad subterránea de Edimburgo. Vi el gran espectáculo del Royal Edinburgh Military Tattoo en la explanada del castillo, junto a varios jubilados que venían desde Montana, USA. Disfruté de un show de acróbatas como parte del programa de la Underbelly (la famosa vaca morada). Hice senderismo en Holyrood Park, donde disfruté de unas vistas impresionantes de TODO Edimburgo. Me enamoré de la Dean Village. Pasé unas horas viendo a la gente jugar golf en The Meadows. Tomé una cerveza en una iglesia reformada y abierta sólo durante el mes de agosto, donde hacían conciertos a diario. Me relajé en los cementerios y conocí el colegio en el que supuestamente JK Rowling se inspiró para el diseño de Hogwarts. Vi performances, conciertos y artistas callejeros por doquier. En un mercadillo conseguí un montón de cd's de artistas como Gustavo Cerati, Soda Stereo, Led Zeppelin, The Clash y Aphex Twin a tan sólo 23 libras todo. ¡DE LOCOS! No me lo podía creer. También me acostumbré a que lloviera, saliera el sol y luego hiciera frío en un transcurso de cinco minutos, así cada día. Le dediqué una mañana al jardín botánico, posiblemente lo más cercano a un paraíso zen que yo haya visitado. Presencié el atardecer más bonito que he visto en mi vida, justo el día de mi cumpleaños, subido en la Calton Hill, bebiendo una botella mini de whisky junto a un chino que estudiaba allí, mientras esperábamos los fuegos artificiales que daban cierre al festival. Les entendí poco o nada a los escoceses, pero llegué, compré, comí e hice todo lo que me propuse. Hice un montón de cosas más, algunas que seguro no recordaré hasta que me ponga a editar el video que espero tener terminado dentro de un mes.

Por primera vez, estando allí, me dieron ganas de contarlo todo en un blog, como guía de viajes. Al final Edimburgo es más pequeño de lo que imaginé, por lo que en una semana se puede ver gran parte de la ciudad. Pero lo mejor sin duda es perderse a conciencia. Siempre lo hago allá donde voy. Termino descubriendo de todo, aunque a veces el experimento falla, que alguna vez he terminado perdiéndome en realidad, pero eso nunca está mal. Los malestares hacen que podamos disfrutar con más ganas de las experiencias buenas.

Dicho esto, Edimburgo es la ciudad es la más completa que he visitado hasta el momento. Bonita, histórica, medieval y gótica; con varias zonas verdes no muy lejos del centro para poder disfrutar de la naturaleza; gente atenta y hospitalaria; cultural y juvenil; ejemplar sistema de transporte y punto neurálgico para moverse por el resto de Escocia. Y el clima es frío hasta en el verano, algo que me atrae en demasía.

Las siguientes fotos sólo reflejan el lado underground de la ciudad, y tuve que buscar bastante para poder hacerlas. En mi cuenta de Instagram iré subiendo muchas más. Disfrutadlas:





















Edimburgo, al igual que Praga, fue un lugar del que nunca tuve que haber vuelto, o por lo menos no tan pronto. A pesar de no haber exprimido la experiencia al 100%, con el paso del tiempo espero darle la importancia y el valor que realmente se merece.

1 comentario :

  1. Muy chulo, dan ganas de hacer la mochila ahora mismo. Go on!
    (Sergio)

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