miércoles, 21 de octubre de 2015

Despiértame cuando pase el horror

No recuerdo con claridad qué edad tenía cuando sucedió por primera vez. Fue entre los trece y los quince años, de eso estoy seguro. Durante esa época empecé a escuchar un programa llamado Radio Pirata. Salía al aire cada domingo a partir de las diez de la noche. En él pasaban música poco comercial como el industrial, el hardcore y diversos estilos electrónicos que me han seguido influenciando durante toda mi vida.

Para dejarme envolver por estos sonidos me acostaba en el suelo y ponía mi cabeza en medio de los bafles, hasta que me daba sueño y marchaba a mi cama.

Una noche cualquiera, y sin razón concreta, decidí escuchar el programa desde el sofá, dejando el televisor encendido y a bajo volumen. Tardé poco tiempo en quedarme dormido. De repente sucedió: el sonido de la radio llegaba a mí de manera distorsionada y con eco. Estaba acostado de medio lado y veía que los objetos que colgaban de las paredes se movían en forma de olas. La pantalla de la tele mostraba imágenes abstractas. Intenté moverme pero fue imposible. Tampoco podía gritar. No importaba la fuerza que hiciera, estaba completamente paralizado. Me entró el pánico. Aquello no se trataba de un sueño porque era totalmente consciente de lo que escuchaba y de lo que veía. Me preguntaba si habría entrado en coma. Temía lo peor. No sé cómo ni porqué, pero logré calmarme. Cerré los ojos -tampoco los tenía demasiado abiertos- y al cabo de un momento recuperé el movimiento.

Posiblemente esta experiencia haya durado tan sólo un minuto, pero en aquel instante me pareció una eternidad. No hablé con nadie al respecto. Tan sólo me convencí de que había sido una pesadilla muy intensa, y que no me volvería a pasar algo similar, pero estaba equivocado.


En 1996 Marilyn Manson sacó el Antichrist Superstar. Disco que se convertiría en una revelación para mí, ya que las letras que lo componían me forjaron un pensamiento crítico contra la religión y el poder. Me obsesioné con aquello, y con la figura de Marilyn Manson.

En una pared de mi habitación tenía un poster muy siniestro del grupo. En él salía Manson sentado, el resto de integrantes a su alrededor y el decorado estaba compuesto por elementos apocalípticos. El lado izquierdo de mi cama estaba junto a aquella pared.

Una tarde me acosté a descansar, quedando dormido de cara al poster. Y el evento inexplicable volvió a acontecer, pero esta vez de manera distinta: sentí una presencia detrás de mí. Había alguien o algo que me impedía girar, ni siquiera pude mover mis brazos ni mis piernas, mientras que un fuerte resplandor cubría la habitación. Fue en vano intentar articular alguna palabra. Ningún músculo me respondía. Inmediatamente supe que el suceso de la otra noche se volvía a repetir. Intenté relajarme, y cuando por fin lo estaba consiguiendo, el poster de Marilyn Manson empezó a golpearse contra la pared de forma brusca. Todo duró unos pocos segundos hasta que logré salir de aquel estado. Estaba aterrorizado. Fue entonces cuando decidí darle importancia al asunto. Tal vez estaba llevando demasiado lejos mi fanatismo hacia Manson y su propuesta musical e ideológica.

Le conté a mi madre lo sucedido. Al día siguiente, sin que me diera cuenta, ella tiró a la basura todo lo que tuviera que ver con el grupo: camisetas, posters, cintas... Ni siquiera me enfadé. Estaba muy confuso. Sólo deseaba no volver a pasar por lo que pasé aquella tarde.

Transcurrieron los días, los meses y los años sin que volviera a ocurrirme algo parecido. Ya formaba parte de mi anecdotario, hasta que, casi diez años después, leí en internet un artículo que describía casos similares a los que yo había vivido. Descubrí que posee un nombre concreto: parálisis del sueño. Se supone que más de la mitad de la población la experimentará en algún momento de su vida, y cuando sucede es porque la persona se encuentra bajo un nivel alto de estrés o ansiedad. Hasta ahí todo creíble, y lógico en cierta manera. Pero, ¿y los episodios de terror a que se deben? No se trata de una simple parálisis corporal, que ésta ya asusta demasiado por si sola, sino lo siniestro del entorno. Casi siempre asociados a presencias oscuras o invisibles.

No creo en asuntos paranormales, pero alguna explicación ha de tener. Una posible conexión de nuestros temores cotidianos con el subconsciente que extrae figuras terroríficas -de forma metafórica- y termina todo mezclándose. Qué sé yo. Sólo pensar que una persona pueda quedarse en ese estado de forma permanente me horroriza.

Kresto Nin


Me he motivado a compartir con vosotros este pequeño fragmento de mi adolescencia gracias a un documental con tintes de terror que vi la noche anterior y que trata sobre la parálisis del sueño, con testimonios y recreaciones muy logradas.

El documental se encuentra -de momento- completo y subtitulado en YouTube. Está muy bien realizado, también muy manipulado para darle ese toque tétrico y comercial. Aunque la realidad, en este caso, puede superar con creces a la ficción. Se titula The Nightmare, y lo comparto a continuación:


También, a lo largo de los últimos años, he visto como personas que sufren -o han sufrido- la parálisis del sueño han decidido transformar este mal en arte, sacando lo positivo de lo negativo. Nicolas Bruno es un ejemplo de ello. Él es fotógrafo, y aprovecha sus experiencias para realizar fotografías que describen el malestar vivido en cada parálisis. Podéis ver su trabajo en este enlace.

¿Alguno de vosotros ha pasado por esta pesadilla alguna vez? ¿Podríais describir vuestra experiencia?

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