jueves, 22 de enero de 2015

Diarios del Botxo

Lunes 16 de junio

Esta mañana he despertado con unas ganas incontrolables de orinar. No suele haber nadie en casa a esas horas, así que salí de mi habitación hacia el baño con total confianza; despeinado, con un cúmulo de lagañas impidiendo abrir completamente mis ojos; descalzo y con paso torpe. Pero no me encontraba solo.

Al final del pasillo habían tres personas interponiéndose entre el baño y yo. Ya era demasiado tarde para volver atrás y arreglarme un poco. Así que me henchí de orgullo e impávido pasé junto a ellos, dejando bastante claro que ése era mi hogar. Por dentro era un manojo de nervios, y ni siquiera fui capaz de decir ‹‹buenos días›› por temor a que mi aliento les causara asfixia.

Una de esas personas era mi compañera de piso, las otras dos eran una pareja. Un chico de unos treinta y tantos años, y una chica algo más joven que él, pero me puedo equivocar. Actualmente me resulta difícil atinar con los años de la gente. Se suponía que a los treinta yo debería tener una apariencia adulta, con trabajo, mujer e hijos, pero aquí sigo: compartiendo apartamento mientras sufro un agudo síndrome de Peter Pan. En fin, deduje que alguno de ellos había venido a mirar la habitación que tenemos libre para alquilar.


Al salir del baño, con el aliento fresco y sin obstáculos en mis párpados, los busqué para presentarme, y no pude creer lo que veían mis ojos: ¡ahí estaba la chica más linda del mundo! Vale, igual exagero, pero en ese momento mi mundo se reducía a ese pasillo, y ahí sólo habían dos mujeres. Mi compañera quedaba descartada como persona bonita, de hecho ni siquiera llegaba a "buena gente", por lo tanto ella, la novia, la amiga, la hermana, la prima o lo que fuese de su acompañante, se hacía merecedora del título a la mujer más linda de este planeta. Anäis es su nombre, catalana de nacimiento, recién llegada a tierras vascas para empezar una carrera.

Afronté el resto del día con su imagen en mi mente, deseando volver a verla.

P.D: Con hoy ya son cinco días sin tener noticias de Laura.


Martes 17 de junio

Hoy me he despertado de golpe, a las diez de la mañana más o menos.¡Qué falta de respeto! Odio madrugar. Parecía que alguien había pegado su dedo al timbre, así que me he dirigido hacia la puerta bastante alterado.

—¿Qué quiere?
—Christian, soy Anäis. Disculpa, pero llevo casi diez minutos tocando el timbre. Estoy con mis mochilas y un par de cajas aquí afuera.

Oh, amada mía. No hace falta disculparse, yo te socorreré.

—Vale, te abro, pero bajo a ayudarte —le respondí—.

He tardado menos de un segundo en plantarme abajo, pero ahí estaba él, su loquesea, cargando las cajas que en un principio yo pensaba subir. Saludé cordialmente, y cogí la mochila más grande que ella llevaba.

—Entonces, te quedas con la habitación. Me alegro.
—Sí. El precio no está mal y la ubicación es perfecta.
—¡Claro que es perfecta! Es donde yo vivo... —Bromeé, pero parece que no le hizo mucha gracia—.

Subimos hasta la tercera planta. El edificio carece de ascensor. Pude ver a su acompañante intentando disimular el cansancio, pero unas gotas de sudor en su frente lo delataban. Descargué la mochila en su nueva habitación y dejé que organizaran sin entrometerme, no sin antes ofrecer mi ayuda para lo que necesitaran.

No he parado de preguntarme si ese pringado será su novio.

P.D: Temo que esta vez Laura vaya en serio. Sigo sin saber nada de ella.


Miércoles 18 de junio

Hoy he espabilado antes de las doce del mediodía. Esta vez sin alteraciones de ningún tipo. Me he arreglado un poco frente al espejo que hay en mi armario antes de ir al baño, no vaya a ser que me encuentre en el pasillo a la mujer más linda del mundo de nuevo. Y, efectivamente, ahí estaba, pero no en el pasillo, sino en su habitación. La encontré ordenando sus cosas. Tenía puesta una camiseta de Joy Division y unos shorts color rosa que hicieron pasar por mi mente los pensamientos más impuros. Menuda manera de empezar el día. Ni siquiera ha pasado una semana desde que nos conocemos, y ya me tiene loco esta mujer.

La saludé, pero sin acercarme mucho a su habitación, porque: el que demuestra el hambre, no come. Me ofrecí para prepararle un café. Ella aceptó. Nos sentamos a charlar en la mesa de la cocina. Me contó sobre sus planes en esta ciudad, alguna anécdotas y gustos personales. Información relevante; información muy valiosa; información de la que podía depender nuestro futuro como pareja; información que no he logrado retener porque me quedé totalmente pendejo mientras me hablaba. Sólo me he limitado a asentir. Aún debe de seguir en la mesa el charco de babas que he dejado mientras charlábamos. Ahora soñaré con ella, y con su short color rosa. Espero no encharcar toda mi cama.


Jueves 19 de junio

El despertar de esta mañana ha sido de los mejores que he tenido últimamente. Puede ser porque he pasado una muy buena noche, tocando la guitarra bajo un árbol acompañado de mi querida Anäis. Eso sólo pasa en sueños, porque ni soy tan romántico y ni siquiera sé tocar la guitarra. Pero si sé pasarlo en grande, y hoy es jueves, mi día favorito. He convencido a la mujer más linda del planeta para que salgamos a dar una vuelta. Total, ella no empezará su curso hasta dentro de un mes, y esta semana yo tengo el turno por la tarde.

Se está duchando. Esta noche promete.


Viernes 20 de junio

Mi habitación todavía huele a su perfume, y a alcohol y a cigarrillo. Parece que la juerga se nos ha ido un poco de las manos.

¿A qué hora llegamos?, ¿porqué casi todos mis cds están sobre el suelo?, ¿de dónde sacamos esa botella de JB?, ¿realmente follamos o alguno de los dos se quedó dormido en el acto?, ¿porqué tengo este moratón en mi ojo? Lo único que sé es que ella estaba a mi lado cuando he despertado. Ambos con las camisetas y la ropa interior puestas. No me perdonaré nunca que haya tenido sexo con la mujer más linda del mundo, y no logre recordarlo.

Alguien está abriendo la puerta de casa...

Querido diario, creo que mi próximo escrito será memorable. Anäis acaba de llegar... con Laura.


Christian Rodriguez

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