miércoles, 19 de noviembre de 2014

Binomio fantástico

Desde principios de octubre estoy realizando un taller de escritura creativa en ALEA. Cada jornada me aporta bastante, y estoy aplicando en mis escritos lo aprendido, ya sea en relatos cortos, poemas, canciones o post variados. Dicho esto, a partir de ahora usaré este blog para compartir algunos de los trabajos que haré durante el curso.

La semana pasada realizamos un ejercicio conocido como Binomio fantástico. Consiste en construir una historia donde tendrán que aparecer dos palabras concretas, cada una con un significado muy diferente de la otra. En mi caso fueron las siguientes: Mafalda y Acupuntura. Después de retocar el texto original escrito en clase, este es el resultado:

Día en la librería

Recién pasadas las diez de la mañana, Andrés despertó de golpe. La vibración de su móvil había tenido la culpa. Siempre sucedía esto cuando recibía un mensaje de texto, o cuando sonaba la alarma para despertarse. Cada mañana se proponía cambiar la configuración de su teléfono, pero a los pocos minutos olvidaba hacerlo. Y así seguía, despertando con sobresaltos días tras día.

Aquella mañana no fue la alarma, sino un SMS que tenía como remitente al banco del que era cliente. Le acababan de ingresar su sueldo. Esto le produjo un estímulo inmediato. No esperó ni un minuto en ir al baño, ducharse con agua fría, vestirse con las primeras prendas que encontró y salir a la calle sin haber desayunado. "Chao ama, voy a la librería" dijo antes de cerrar la puerta.

Comprar dos o tres libros. Eso era lo primero que Andrés solía hacer siempre que recibía su paga mensual. Posiblemente adoraba más el hecho de comprarlos que el de leerlos. Tanto que, al lado de su cama, reposaban una docena de ellos, aún sin leer.

Tardó un cuarto de hora en llegar a Ábaco, nombre de aquél paraíso literario convertido casi en un santuario por Andrés. El lugar no era muy grande, pero se encontraba en perfecto orden, dividido por secciones que facilitaban la búsqueda del libro o del autor deseado. La librería constaba de una barra donde se podían pedir refrescos, infusiones o café. También habían seis mesas donde se podía pasar la jornada charlando, o leyendo tranquilamente. Al fondo había un arco que daba entrada a la biblioteca. Hasta allí se dirigió Andrés, con total confianza. No sin antes saludar a María, la encargada del lugar.

Ensayos, poemarios, novela policiaca o de ciencia ficción. Andrés no se decidía qué comprar esta vez. Así que optó por mirar la sección de cómics. Allí encontró novedades provenientes de Japón , más una edición muy especial recién llegada desde Argentina: las 100 mejores historias de Mafalda. No dudó en hacerse con ella.

Seguía escudriñando por las diferentes secciones, cuando recibió un mensaje de su madre que decía "hijo, cómprame un libro que trate sobre acupuntura, por favor". Andrés no fue muy partidario de hacerlo, ya que era escéptico respecto a la medicina alternativa, pero su madre sí creía, y a él no le gustaba entablar discusiones con ella, de ningún tipo. Así que, haciendo de tripas corazón, cogió lo primero que encontró sobre ese tema. Era un libro con poco más de cien páginas con algunas ilustraciones. Esto debería bastar, pensó.

Después de pasar casi hora y media cogiendo y hojeando libros, paseándolos de un lugar a otro para luego volverlos a dejar en su lugar, se sintió cansado y con un leve dolor de cabeza.

Al llegar a casa buscó a su madre, le entregó el libro y con tono burlesco le dijo "ama, dame una de esas gotas de agua que utilizas para quitarte los dolores".

Christian Rodriguez

Ambas palabras resultaban más fácil de introducirlas si la historia transcurría en una librería. Además, el relato está basado en hechos reales, así que tuve ciertas "ventajas" a la hora de crearlo. No siempre será de esta manera.

Antes de empezar la clase habíamos bebido una copa de agua de Bilbao. Sólo con intenciones lúdicas, claro está.

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